Cinco lugares imprescindibles de Tenerife
Teide, Anaga, Masca, Garachico y La Laguna. Qué es cada uno, cuándo ir y cómo es de verdad el trayecto.

"Imprescindible" es una palabra fuerte, así que aquí va la versión honesta. Estos son cinco sitios a los que la mayoría se alegra de haber dedicado tiempo, elegidos porque son de verdad distintos entre sí y no cinco variaciones de la misma vista. Los cinco son conocidos, lo que significa aparcamiento, señales y más visitantes. Ese es el precio.
1. El Teide y Las Cañadas
El Teide tiene 3.715 m, es el punto más alto de España, y la llanura del cráter que lo rodea es la parte que la gente subestima. Las Cañadas es una caldera de unos 16 km de ancho, y entrar en coche da la sensación de que el paisaje ha cambiado de isla.
Ve temprano. La nube suele formarse desde el norte a lo largo de la mañana, y la carretera que sube desde La Orotava a menudo la atraviesa hasta salir al sol por encima. El teleférico te deja a unos 3.555 m, y el último tramo hasta la cima necesita un permiso gratuito reservado con antelación a través del parque nacional.
A esa altura hace frío y el aire es más pobre, haga lo que haga la costa. Hay quien llega en pantalón corto y se arrepiente.
2. Anaga
La esquina noreste, y la parte más antigua de la isla. Anaga es un parque rural de crestas empinadas y valles profundos, cubierto de laurisilva que lleva creciendo allí desde mucho antes de la última glaciación.
Las carreteras son estrechas, lentas y merecen la pena. Ahí dentro hay caseríos a los que solo se llega a pie, y senderos que durante siglos fueron la única entrada y salida. La nube se queda en el bosque casi todas las mañanas, y eso es lo bueno y no el problema: los árboles beben de ella.
Llena el depósito antes de entrar. Una vez pasada la cresta hay muy poco.
3. Masca
Un caserío en un barranco de la vertiente oeste, al que se llega por una carretera con muchísimas curvas. El entorno es realmente notable, y los miradores del camino son la razón por la que casi todo el mundo para.
El descenso del barranco hasta el mar está controlado: el acceso se ha restringido, reabierto y vuelto a restringir a lo largo de los años, y cuando está abierto hay que reservar y llevar casco. Consulta cómo está la cosa antes de planear el día alrededor, porque las normas se hacen cumplir.
Si te mareas en coche, esta carretera lo va a averiguar.
4. Garachico
Un pueblo de la costa norte con una historia poco corriente. En 1706 una fisura volcánica mandó la lava a través de él y hasta el puerto, que entonces era el más importante de la isla. El pueblo se reconstruyó encima de la colada.
Lo que quedó de aquello es un conjunto de piscinas naturales en la lava endurecida, justo al borde del pueblo, y un casco antiguo compacto que se pasea a gusto sin sentirse un museo. Es buen sitio para pasar la tarde.
5. La Laguna
La antigua capital de la isla, y Patrimonio de la Humanidad por su trazado urbano. Se planificó a finales del siglo XV como una cuadrícula sin murallas, y ese trazado se copió en varias ciudades coloniales de América.
Es ciudad universitaria, así que está animada en época de clases y tranquila en agosto. Si tu idea de un buen día no es otro paisaje más, aquí es donde pasarlo.
Antes de ir
Dos de estos cinco están en altura o en la montaña, donde el tiempo no es el tiempo que hace en tu hotel. Nublado en la costa puede significar sol a 2.000 m, y despejado en la costa puede significar niebla en Anaga.
Las normas de acceso a la cima del Teide y al barranco de Masca cambian, y en ambos casos se hacen cumplir. Consúltalas la misma semana en que vayas, en vez de fiarte de un artículo de blog, incluido este.
Todo lo que hay aquí está en caminos y carreteras pensados para visitantes. Cuando te sales de ellos, que es donde están la mayoría de los mejores sitios de la isla, las normas son las que cabe esperar: llévate tu basura, no te salgas del sendero, no molestes a lo que vive allí, y ten presente que buena parte del terreno es privado o es el pueblo de alguien.


